Mi nuevo (y primer) telescopio

¿A quién no le gustaría (o gusta si ya lo hiciste alguna vez) mirar el cielo y la vecina con un telescopio, amplificando la visión y detalle del ojo desnudo o haciendo visible lo invisible a éste? Creo que no hay persona en la faz de la tierra que diga que no. Ahora que el bolsillo me lo permite, me pude dar el gusto y me compré mi primer telescopio.

Would you like to look through my telescope? The Milky Way’s a fine sight to see…

Mike Oldfield

Como todo novato de la astronomía y óptica en el campo práctico, la elección de qué telescopio comprar me fue difícil: no conocía absolutamente nada sobre telescopios. Lo único que se le parece, y con lo que estoy familiarizado, son los microscopios, los que usé, uso y voy a usar toda mi vida (porque soy profesor en biología. Sí, ya sé, tengo que agregar esta información en la sección Acerca de), pero como los campos de aplicación de estos instrumentos no son los mismos (incluso, de algún modo, opuestos), no encontré pertinente hipotetizar analogías entre las funcionalidades de uno y otro, por lo que de verdad me encontraba en la completa ignorancia. Por ejemplo, sé que con un microscopio óptico con un aumento de x600 se pueden ver incluso células humanas, pero no tenía ni la más pálida idea si esa ampliación era buena o no para un telescopio (tampoco si la ampliación es o no tan importante), al menos para mirar algunos objetos del espacio profundo, que es lo que me gustaría ver además de la clásica Luna y los planetas de nuestro Sistema Solar.

Así que después de leer varios foros, reviews y videos sobre telescopios, me enteré que existen dos grandes grupos: los refractores y los reflectores. Difieren en que el primero funciona en base a la convergencia de la luz en un punto a partir de lentes, mientras que el segundo capta la luz y la concentra con espejos. Esto es de suma importancia ya que al utilizar espejos en vez de lentes se elimina un molesto inconveniente llamado aberración cromática, que es inherente a prácticamente todas las lentes (seguro que no en las de calidad superior), pero por pura física en los espejos esto no sucede. La aberración cromática se produce cuando las diferentes longitudes de onda de la luz no convergen perfectamente donde deberían y la imagen se ve como un anaglifo 3D, y es bastante molesto. Ésto, sumado a que los oculares sí o sí son lentes y potenciarían la aberración, me hicieron decidir por un reflector. ¡Pero ojo! No todo en la vida es color de rosas, dijo Yayo. Los telescopios reflectores son más delicados que los refractores, necesitan más mantenimiento y una alineación periódica de los espejos (colimación), porque con el transporte se mueven. También pueden sufir otro tipo de distorsiones como la coma. Además me tuve que familiarizar con otros términos (algunos conocidos de fotografía, otros no) como la distancia focal, el diámetro de la apertura, el buscador de estrellas, las lentes Barlow y la montura. Ésta última también funcionó como filtro de varios modelos de telescopios a elegir. La montura ecuatorial es la que me resultó más conveniente, ya que con ella se pueden realizar movimientos finos y seguir fielmente el movimiento aparente de lo que se esté observando (respeta el movimiento curvo de la rotación de la Tierra).

En fin, después de mucho elegir, me decidí por el Galileo 114/900, un telescopio de uso astronómico y terrestre, con una apertura (diámetro del tubo) de 14 centímetros y una distancia focal (largo del tubo) de 90 centímetros, con buenas referencias en distintas reviews y consultas que hice en Taringa! con gente sabe del tema.

Telescopio Galileo 900x114
Telescopio Galileo 900×114

Si bien venía con manual, fue todo un parto montarlo porque parecía en chino. Principalmente al inicio cuando desarmé el embalaje y dispuse todas las piezas en el suelo: no sabía por dónde empezar. Con paciencia todas las partes empezaron a encajar y en poco más de una hora ya estaba armado, pero había un problema: ya era de noche y no podía ajustar la posición del buscador de estrellas (para hacerlo se recomienda que sea de día, apuntando a un edificio o antena lejana), así que usé como referencia una luz de la calle y más o menos lo logré (hoy con toda la luz del día lo pude ajustar a la perfección). La primer observación fue de la Luna, a las 21 horas cuando salió, y después a Júpiter y sus cuatro satélites visibles. Quedamos sorprendidos (mi familia, amigos y yo) de la claridad y nitidez de los cráteres, y más todavía con la visualización de los satélites de Júpiter con el menor tamaño.

¿Y dónde están las fotos? ¿Dónde, dónde?

No hay fotos. La de ayer fue una observación de prueba. Tengan en cuenta que todavía me estoy familiarizando con el aparato y aprendiendo bien para qué sirve cada cosa. Hoy intenté sacar fotos y se ven medias borrosas, pero es posible. Así que cuando el cielo se digne a despejar, voy a estar sacando un par y subiéndolas acá en una galería. Por lo pronto, a esperar.

¡Hasta luego!

3 comentarios en “Mi nuevo (y primer) telescopio

Dejar un comentario